La foto es un montaje, pero recorrió el mundo, causó escándalo y refleja con crudeza el drama de la ambición territorial de Marruecos y su hostilidad hacia España
La crisis de julio de 2026, con decenas de miles de personas cruzando la frontera en pocas horas, demostró la vulnerabilidad de estos enclaves, expuestos a un vecino que abre y cierra el grifo migratorio a voluntad.
Marruecos se rearma de forma prioritaria con equipos modernos proporcionados por sus dos poderosos aliados, Estados Unidos e Israel.
España, por ahora, mantiene una superioridad relativa, cada vez más estrecha, en el probable escenario bélico.
El rearme español es imprescindible y también es criterio unánime en los cuarteles y en los centros de estudios estratégicos y geopolíticos. Hay que elevar de forma sostenida el gasto en Defensa, desplegar sistemas antiaéreos y antidrones en las ciudades autónomas y en todo el sur de la península, reforzar la presencia naval y aérea en el Estrecho y preparar un plan específico de defensa para Ceuta y Melilla.
Marruecos está adquiriendo misiles con alcance superior a 300 kilómetros, lo que coloca bajo el potencial fuego enemigo a ciudades como Sevilla, Málaga, Córdoba y Granada, entre otras.
La solidaridad de la OTAN y de la Unión Europea no están garantizadas de forma automática en una crisis limitada a estos territorios, por lo que España debe ser capaz de disuadir y defenderse por sí misma.
Un ejército profesional bien equipado no basta en un escenario de crisis prolongada. España abolió el servicio militar obligatorio en 2001 y el Gobierno actual lo descarta, pero la escasez de efectivos y la necesidad de una reserva entrenada hacen necesario recuperarlo en un formato moderno y corto.
Un servicio de formación básica en defensa territorial, disciplina y apoyo a emergencias generaría una base de ciudadanos movilizables, reforzaría la conciencia de defensa colectiva y aportaría profundidad estratégica sin volver a los modelos ineficientes del pasado.
La integridad territorial no es negociable ni un asunto ideológico. Quienes posponen el rearme y la recuperación de herramientas de movilización nacional por comodidad o rechazo a la conscripción están jugando con fuego y apostando a que el conflicto nunca llegará.
Pero la realidad de un Marruecos con tensiones internas y con una monarquía corrupta y necesitada de victorias para mantener su poder, demuestra que esa apuesta es cada vez más arriesgada.
Francisco Rubiales
Marruecos se rearma de forma prioritaria con equipos modernos proporcionados por sus dos poderosos aliados, Estados Unidos e Israel.
España, por ahora, mantiene una superioridad relativa, cada vez más estrecha, en el probable escenario bélico.
El rearme español es imprescindible y también es criterio unánime en los cuarteles y en los centros de estudios estratégicos y geopolíticos. Hay que elevar de forma sostenida el gasto en Defensa, desplegar sistemas antiaéreos y antidrones en las ciudades autónomas y en todo el sur de la península, reforzar la presencia naval y aérea en el Estrecho y preparar un plan específico de defensa para Ceuta y Melilla.
Marruecos está adquiriendo misiles con alcance superior a 300 kilómetros, lo que coloca bajo el potencial fuego enemigo a ciudades como Sevilla, Málaga, Córdoba y Granada, entre otras.
La solidaridad de la OTAN y de la Unión Europea no están garantizadas de forma automática en una crisis limitada a estos territorios, por lo que España debe ser capaz de disuadir y defenderse por sí misma.
Un ejército profesional bien equipado no basta en un escenario de crisis prolongada. España abolió el servicio militar obligatorio en 2001 y el Gobierno actual lo descarta, pero la escasez de efectivos y la necesidad de una reserva entrenada hacen necesario recuperarlo en un formato moderno y corto.
Un servicio de formación básica en defensa territorial, disciplina y apoyo a emergencias generaría una base de ciudadanos movilizables, reforzaría la conciencia de defensa colectiva y aportaría profundidad estratégica sin volver a los modelos ineficientes del pasado.
La integridad territorial no es negociable ni un asunto ideológico. Quienes posponen el rearme y la recuperación de herramientas de movilización nacional por comodidad o rechazo a la conscripción están jugando con fuego y apostando a que el conflicto nunca llegará.
Pero la realidad de un Marruecos con tensiones internas y con una monarquía corrupta y necesitada de victorias para mantener su poder, demuestra que esa apuesta es cada vez más arriesgada.
Francisco Rubiales