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África vuelve a empezar en los Pirineos, gracias al sanchismo



En otros tiempos, Europa repetía con sorna que “África empieza en los Pirineos”, una frase cruel que aludía al atraso económico, la inestabilidad institucional y los vicios de corrupción endémica que caracterizaban a España.

Pero la Transición ejemplar, con su pacto por la democracia, el Estado de Derecho y la modernización, enterró aquella sentencia humillante y España se convirtió en un país normalizado, integrado en Europa, con instituciones respetadas y un progreso tangible.

Hoy, por culpa del socialismo de Sánchez y de sus practicas mafiosas y corruptas, Europa vuelve a pensar, no sin razón, que España es África de nuevo.
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Aquella humillante y vieja expresión resucita con fuerza, pero ya no como prejuicio externo, sino como diagnóstico interno veraz, provocado por el sanchismo.

Pedro Sánchez ha conseguido, en pocos años, que España vuelva a ser vista como la anomalía del continente: un lugar donde el poder se ejerce sin límites éticos ni legales.

El sanchismo ha institucionalizado la corrupción y el abuso como métodos de gobierno. Cientos de imputados y miles de sospechosos orbitan alrededor del PSOE, la Moncloa, la Guardia Civil, Hacienda, la SEPI y varios ministerios y empresas e instituciones públicas.

Casos de comisiones, contratos irregulares, influencias y enriquecimientos inexplicables se acumulan sin que el presidente asuma ninguna responsabilidad.

Lejos de ser anomalías, forman un patrón: el uso del Estado como botín particular, la colocación de leales en puestos clave y la erosión sistemática de los contrapesos institucionales.

Lo que antes eran escándalos aislados se ha convertido en un sistema de poder basado en la impunidad y la lealtad personal por encima de la ley.

Nunca en democracia moderna un gobierno había sometido a tanta presión simultánea a las instituciones del Estado. La cúpula de la Guardia Civil investigada, Hacienda politizada, empresas públicas bajo sospecha y la propia sede socialista convertida en escenario de causas judiciales.

El signo más visible y escandaloso de "africanización" es la corrupción, que anida con especial énfasis hasta en la familia presidencial. La esposa y el hermano de Pedro Sánchez están imputados por la Justicia.

El resultado es una degradación moral y administrativa que recuerda a las peores prácticas de repúblicas bananeras: amnistías a cambio de apoyo parlamentario, leyes a la carta, persecución al discrepante y un cinismo público que ya no se molesta en disimular.

Sánchez no ha modernizado España; la ha africanizado, inundándola de caudillismo, clientelismo y desprecio por las reglas del juego democrático.

África vuelve a empezar en los Pirineos porque el sanchismo ha destruido la credibilidad laboriosamente ganada durante décadas. La Transición demostró que España podía ser europea en valores y eficacia; Sánchez ha demostrado que se puede retroceder a marchas forzadas hacia el caciquismo y la podredumbre moral.

Europa lo mira con estupor y creciente hartazgo. Restaurar la dignidad institucional requerirá mucho más que un cambio de gobierno: exigirá una regeneración profunda que barra los vicios que el sanchismo ha normalizado.

Mientras tanto, la frase cruel de que "España es África" vuelve a circular, ya no como insulto, sino como amarga realidad.

Francisco Rubiales

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Viernes, 3 de Julio 2026
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