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A Pedro Sánchez le han partido la boca en Aragón por ser fascista



Millones de españoles se preguntan por qué el sanchismo siempre es derrotado. La respuesta es clara: porque es fascista y peligroso para España.

El mayor fascismo que hay en España es el de Pedro Sánchez y el PSOE. Por fortuna, los aragoneses lo han descubierto y le han partido la boca, mientras el resto de España espera su turno en las urnas para partírsela también.

España es un país antifascista y profundamente amante de la democracia, la libertad y la decencia. Por eso odia al sanchismo con fuerza creciente, y lo derrota una y otra vez.

El socialismo español sanchista, que es una forma aberrante y corrompida de socialismo, ha evolucionado hacia el fascismo, como en su día lo hicieron los nazis de Hitler (nacional socialismo) y los socialistas de Mussolini, creadores del "fascio".

La Historia ha demostrado que todos los socialismos terminan en fascismo. Algunos también lo son desde que nacen. Ejemplos: Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini, Mao, Fidel, Pol Pot, Sánchez… ¿Alguien cree que Cuba no es un fascismo de color rojo o que la URSS lo era también?

La política de Sánchez confirma que el PSOE se hace fascista: obsesión por el poder, controles a la prensa libre, hostilidad al disidente, inflación de mentiras, apropiación de empresas estratégicas, como INDRA, Telefónica y otras, limitación de derechos individuales y odio a la libertad y a la democracia.
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Sánchez y el fascismo rojo
La política del gobierno liderado por Pedro Sánchez y el PSOE ha desatado una creciente preocupación por su deriva hacia prácticas que evocan rasgos autoritarios propios de regímenes fascistas.

Los ciudadanos se están librando ya de la gran mentira de la izquierda marxista, que logró vincular el fascismo a la derecha, cuando la realidad histórica es que el fascismo tiene raíces y rasgos socialistas.

Esta percepción se fundamenta en comportamientos autoritarios y populistas que generan alarma en la sociedad española. Los más destacados son límites a las libertades y derechos individuales y un progresivo control sobre los medios de comunicación, con intentos de influir en la prensa libre mediante presiones institucionales, subvenciones selectivas y el cuestionamiento de aquellos periodistas o medios que ejercen una crítica independiente.

La estrategia que obsesiona al sanchismo no es arreglar las carreteras, que funcionen los trenes o que la sanidad y la educación sean eficaces, sino moldear la narrativa pública y engañar al pueblo para que vea blanco lo que es negro y limpio lo que es sucio y corrupto. El sanchismo es una mezcla de mentiras y control férreo del relato, vicios contrarios a toda democracia saludable.

La hostilidad del fascismo socialista hacia quienes disienten del discurso oficial es ya obsesiva, hasta el punto de estigmatizar las voces críticas, tanto de ciudadanos como de figuras públicas, que son frecuentemente tildadas de desleales o desestabilizadoras.

Esta actitud, genuinamente fascista, que rechaza el debate abierto y constructivo, se ve agravada por una inflación de desinformación y narrativas manipuladas que buscan consolidar el poder a través de la confusión y el enfrentamiento social.

Otro aspecto que evidencia el fascismo sanchista es la intervención en instituciones que en democracia deben ser independientes y en empresas estratégicas de carácter nacional, como INDRA, Telefónica y otras compañías claves para la economía y la seguridad del país.

La creciente influencia del gobierno en estas entidades, ya sea mediante nombramientos afines o participaciones accionariales, despierta temores sobre una apropiación indebida del sector privado y un ansia de poder desmesurada.

Hay una limitación progresiva de derechos individuales con medidas que, bajo el pretexto de garantizar el bienestar colectivo, restringen libertades fundamentales como la de expresión, asociación o movimiento. Estas políticas reflejan un desprecio por los principios democráticos, priorizando el control estatal sobre la autonomía individual.

El discurso oficial alimenta un clima de confrontación que socava los valores de convivencia y respeto inherentes a una democracia plural y crea el ambiente que los fascismos necesitan para actuar con impunidad.

La deriva del sanchismo, cruelmente derrotado ayer en Aragón, dibuja un panorama inquietante y siniestro que se desliza hacia un peligroso modelo político autoritario, alejado de los ideales de libertad y transparencia que deberían caracterizar al socialismo democrático y que chirría en Europa y en el mundo de las libertades y derechos.

Con seguridad plena, la mejor definición del sanchismo es que se trata de un "socialismo fascista" experto en mentir, esparcir odio, dividir, limitar derechos, controlar férreamente el poder y fortalecer peligrosamente el Estado.

Francisco Rubiales

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Lunes, 9 de Febrero 2026
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