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Información y Opinión

¿Para qué necesitamos un Estado?


Nota

Algunos blogs y algunos blogueros tienen tanta calidad que sorprenden y obligan a pensar por qué razón un instrumento humilde y completamente amateur, como un blog, puede tener más imaginación, calidad y, sobre todo, honestidad informativa, que muchos medios consagrados en la primera fila del periodismo.

¿Es éste el caso del blog "Desde el exilio"?

Juzguen ustedes mismos tras leer es siguiente viejo post del mencionado blog, que reproducimos:



J.J. Rousseau
J.J. Rousseau
Moderador: Señoras y Señores, bienvenidos a nuestro programa especial “Encuentros en el exilio”. El tema de hoy en nuestro espacio informativo: ¿Para qué necesitamos un Estado?

Me alegra poder presentarles hoy en plató a tres destacados pensadores europeos. Den conmigo la bienvenida al francés Jean- Jacques Rousseau, al inglés John Locke y a su compatriota Thomas Hobbes. Sr. Hobbes, permítame empezar con usted. Se le considera como el fundador de la filosofía del Estado moderno. Su trabajo principal publicado en 1651 lleva el título “Leviathan“. ¿Qué se esconde tras un título tan enigmático?

Hobbes: Verá, en mis tiempos los hombres todavía tenían un buen conocimiento del Antiguo Testamento. En él, en los libros de Job e Isaías, también en los Salmos, se menciona un monstruo marino de nombre Leviathan - una especie de serpiente o dragón - que inspiraba terror en todo el mundo. Utilicé este monstruo como símbolo para el poder público. El Estado, como máxima fuente de poder terrenal, somete por medio del temor a sus administrados.

Moderador: Esa es una visión del Estado que no compartiría Aristóteles, para quien el Estado era la culminación del ser social de los individuos. Nada que ver con un monstruo que inspira terror.

Hobbes: Sí, tienen razón. Pero yo no considero al hombre como un ente social, sino que parto del hombre particular y su libertad individual. Nadie está sometido de forma natural a nadie, de modo que toda restricción de la libertad, incluso si viene dada por el Estado, solamente puede justificarse si ha sido con la conformidad de cada ciudadano particular. Quería mostrar en “Leviathan” que las acciones del Estado, ése que se sirve del miedo, en definitiva debe de actuar basado en el consentimiento de todos los individuos. Mire usted: Para justificar la existencia del Estado, parto de la circunstancia natural de los individuos, por lo tanto de lo contrario de aquello que quiero demostrar.

Moderador: Pero no me negará que tal “circunstancia natural” del individuo no se da hoy por hoy en niuna sociedad.

Hobbes: No me ha entendido bien. Cuando hablo de “estado o circunstancia natural” no me refiero a un estado de desarrollo primitivo, en el que los hombres deban subsistir sin ayudas técnicas. Me refiero más bien al status en el que se encuentra la humanidad en ausencia de Estado, un status sin poder, sin leyes, sin gobierno… etc. Por otro lado a lo que me refiero no deja de ser un experimento de pensamiento, un ejercicio intelectual. Acepto tal estado sin Estado, para examinar qué defectos aparecerían y poder así derivar una teoría en la que el Estado es imprescindible. Considero que todos los hombres aprobarían a una autoridad Estatal si esta pudiese resolver los errores de una sociedad natural.

Moderador: Entiendo. Y a qué tipo de errores se refiere usted concretamente?

Hobbes: El estado natural se caracteriza para mí por ser “una guerra de cada uno contra cada uno”. No quiero decir con ello que los hombres sin Estado fuesen a vivir siempre en un estado de guerra, pero vivirían en contínua desconfianza y enemistad y listos para, en cualquier momento, abalanzarse sobre el otro y hacer uso de la fuerza. Para expresarlo de manera más gráfica: El hombre es un lobo para el hombre …

Rousseau: … eso que dice usted es absurdo! el hombre no es por naturaleza egoista y malévolo, tal y como demostré en mi “Discurso sobre el origen y las bases de la desigualdad de los hombres“.

Moderador: Señor Rousseau, deje terminar al señor Hobbes, en breve tendrá ocasión de exponer sus ideas.

Hobbes: Se equivoca, señor Rousseau; si lo considera de forma realista, los hombres son antes que nada egoístas, sólo preocupados por sus propios asuntos. Esta - si quieren pesimista - imagen del hombre la obtuve durante la guerra civil en mi país que, debido a las serias amenazas contra mi persona, me obligó al exilio el 1640, permaneciendo 10 años en Francia. Además he podido observar cómo el más débil es también capaz de matar al más fuerte, si se sirve para ello de una treta o se alía con otros. En el estado natural, nadie puede exigir una ventaja para sí mismo distinta de la que cualquier otro podría exigir. Cuando no hay Estado cada cual tiene derecho a todo. Y es así que aparece la competencia y la disputa, precisamente eso que yo llamé la “guerra de cada uno contra cada uno”.

Moderador: Cómo podría evitarse una guerra así?

Hobbes: La única manera es el establecimiento de una fuerza global, es decir, el establecimiento de un Estado. Califiqué este acto de nacimiento del Estado como “Contrato Social”. No lo confunda con el contrato de poder que se cierra entre los nobles y los vasallos. Los ciudadanos adoptan mutuamente el contrato de sociedad, no con un gobernante. Si la causa de la guerra es el derecho de todos los hombres a todo, para tener la paz los hombres deben firmar, de mutuo acuerdo, un contrato en el que renuncian a este derecho a todo, y en el que trasladan su poder soberano a un hombre, un gobernante: el Soberano. El Soberano está así en condiciones de proteger el objeto del contrato ante cualquier usurpación y también ante los ataques foráneos. Esta tarea puede, por otra parte, también ser realizada por un grupo de hombres.

Moderador: No es algo ingenuo pensar que los individous renunciarán a sus derechos de forma voluntaria?

Hobbes: No, en absoluto, ya que incluso un egoista reconoce que, a largo plazo, es más favorable para él vivir en paz y seguridad que en contínuo temor por su vida.

Moderador: Y qué ocurre si algunos hombres se autoexcluyen y no firman el contrato?

Hobbes: Sería en efecto un problema. Un hombre no estará dispuesto a renunciar a algo, si todos los otros no lo hacen también. Debo no obstante recordarle que nos encontramos ante un experimento del pensamiento. El contrato no se firma en realidad, no existe. Creo no obstante haber puesto de manifiesto que todos los hombres aprobarían tal contrato si reflexionasen unos minutos sobre lo que he expuesto. Y justamente de esa creencia justifico la necesidad de un Estado.

Moderador: Comprendo. Y cómo de grande es el poder de ese Estado?

Hobbes: Eso resulta de lo que se ha dicho hasta ahora. Mientras el Estado garantiza la paz y la seguridad a los ciudadanos, éstos le deben la obediencia total. Ningún hombre tiene derecho a ejercer la resistencia frente a la voluntad del Soberano, incluso cuando se siente injustamente tratado. El Soberano no puede ser objeto de crítica ni siquiera en el caso de que ajusticie a un hombre inocente, si cree que eso es necesario en interés general y para mantener la paz. El deber de obediencia sólo expira cuando el soberano no es capaz de realizar su tarea de mantenimiento de la paz.

Rousseau: Esto es un escándalo! Está usted justificando las monarquías absolutistas! Eso es algo que para mí, como demócrata, resulta absolutamente inaceptable. Y con eso que nos propone, que nadie tenga libertades y derechos ante el Soberano, nadie estará jamás de acuerdo. no creo que encuentre muchos firmantes para su contrato!

Hobbes: Recapacite: sólo un Estado fuerte puede garantizar la paz. Esa es al menos la conclusión a la que yo he llegado tras nuestra guerra civil que sólo pudo concluir con la dictadura de Cromwell: es preferible el despotismo, como mal menor, a la anarquía y el terror.

Moderador: Y usted, señor Locke, qué opina? Después de todo y gracias a su obra “Dos tratados sobre el Gobierno Civil” es considerado el padre del liberalismo.

Locke: Las teorías de Hobbes despiertan en mí sentimientos encontrados. La creación del Estado mediante el Contrato Social es para mí una de las ideas más brillantes de la filosofía política. Pero tengo otra opinión del estado natural del hombre y, desde luego, una visión completamente diferente de cómo debe ser el Estado. Un estado sin autoridad nacional no es para mi un estado anárquico, ya que hay derechos y deberes naturales. Es la razón, basta con fiarse de ella, la que enseña a los hombres a no matar, a no limitar la libertad de los demás. Ya que si todos los hombres somos iguales, debo conceder también a los otros lo que pido para mi: el derecho a la vida y la integridad física, el derecho a la libertad y el derecho a una propiedad.

Moderador: Los derechos humanos?

Locke: Sí. Yo los llamo “derechos naturales”. Son derechos irrenunciables e intransferibles que le son propios a todo hombre sólo por el mero hecho de serlo. No son derechos concedidos por un Estado.

Moderador: Entonces, dónde surgen los problemas en la vida común de los hombres si en estado natural estos ya son depositarios de derechos y deberes?

Locke: Mire usted, los derechos naturales, así como la razón nos lo sugiere, son generales y abstractos. Puesto que en estado natural no existe una formulación clara de tales derechos, surgen problemas en la aplicación de los mismos. Así es posible la polémica sobre la forma en que es necesario interpretar estos derechos en casos aislados y/o concretos, especialmente, especialmente allí donde las partes debatientes consideran tener un derecho exclusivo sobre un mismo sujeto. Por otro lado no olvide que siempre cabe la posibilidad de que un derecho no le sea reconocido a quien realmente lo tiene.

Moderador: Entiendo. El papel del Estado sería el de árbitro de esas disputas.

Locke: El Estado tiene la tarea de concretar los derechos naturales mediente leyes formuladas claras e inequívocas. Debe velar por otro lado para que estas leyes sean observadas. En caso de disputa proporciona un sistema judicial que garantice la solución de las mismas. Resumiendo se podría decir: el Estado tiene la tarea de garantizar los derechos naturales.

Moderador: Puede el Estado atentar contra esos derechos naturales?

Locke: No, nunca. El Estado debe también respetar los derechos naturales. El monopolio de la violencia del Estado representa no obstante - en esto me distancio claramente del Sr. Hobbes - un gran peligro para la libertad de los ciudadanos. Por lo tanto, se debe organizar al Estado de modo que los ciudadanos estén también protegidos ante el abuso de poder estatal. Es una de las exigencias básicas del liberalismo.

Moderador: cómo pretende conseguirlo?

Locke: Mediante la separación de poderes. El Legislativo, es decir, el poder que dicta las leyes, ha de estar totalmente separado del Ejecutivo, que es el que pone en práctica las leyes, y ha de someterse a un sistema de control. Considero la mejor solución una Asamblea Legislativa, que pueda ser modificada por el pueblo si viola a la confianza depositada en ella. Mi colega francés Montesquieu mejoró y extendió el pensamiento de la separación de poderes postulando el poder judicial. De esta manera es posible proteger eficazmente la libertad de los ciudadanos.

Rousseau: ¡Esto es increíble! Este mal llamado liberalismo no tiene realmente nada que ver con la libertad, no es más que una forma de justificar la dominancia de la clase burguesa. Usted, Sr. Locke, solamente defiende la libertad de los ricos y hacendados. Su Estado no es más que “Estado Vigilante” que vela por que no se atente contra las propiedades de los ciudadanos ricos. Para mi, un hombre no solamente tiene derecho a que no se le despoje de sus posesiones, también tiene el derecho positivo a exigir una propiedad. Eso significa que los bienes de una sociedad deben distribuirse entre todos los hombres y que el Estado tiene la tarea de eliminar la diferencia entre pobres y ricos.

Moderador: Sr. Rousseau, ya es la tercera vez que nos interrumpe y veo que apenas si puede esperar para darnos su opinión. Permítame que haga una breve presentación. Se le considera como uno de los padres ideológicos de la revolución francesa, al menos los revolucionarios hicieron uso de sus ideas. Cómo ya hemos oído todos, rechaza radicalmente las ideas de Hobbes y Locke. Es por ello que me sombra mucho que su principal obra política lleve el título “El Contrato Social“.

Rousseau: Es también lo único que comparto con estos dos señores, con quienes, por lo demás, no quiero tener absolutamente nada que ver. Aprovecho la ocasión para afirmar además, que yo soy el único que ha desarrollado correctamente la idea del contrato social. Como ya dije, se trata de la libertad del hombre. En 1762 comprendí perfectamente algo fundamental: en estado natural, el hombre es absolutamente libre. Pero también pude comprobar que, allí donde me detenía a la pausada observación de las personas, no veía más que hombres encadenados por todas partes. El problema fundamental de la filosofía política es pues: ¿Cómo encontrar una forma de Estado que proteja al particular sin que este pierda su libertad?

Hobbes: Eso es completamente imposible!

Rousseau: No, es perfectamente posible. Basta con se den una serie de condiciones. Dado que no tenemos demasiado tiempo, permítanme queme detenga en, al menos, dos de esas condiciones. La primera condición es a la hora de firmar el contrato ha de tratarse a todos los hombres como iguales, sin excepción alguna. Esta es la razón por la que no cabe pensar en un Soberanpo - como hace Hobbes - que quede fuera del contrato social. No es la arbitrariedad de un Soberano la que debe orientar la acción nacional, sino “la voluntad general”. En las cuestiones políticas, la voluntad del pueblo debe ser determinante; mi idea del contrato social conduce así necesariamente a la democracia. Se necesita una consulta directa a todos los ciudadanos para todas las decisiones políticas. Es el único medio para mantener la libertad natural de los ciudadanos en el Estado: si la voluntad nacional y la voluntad del particular coinciden todos son libres, pues el individuo, al obedecer al Estado, no hace más que seguir del dictado de su propia voluntad.

Locke: Pero cuando se consulta a los ciudadanos sobre cuestiones de estado observamos muchos dictámenes diferentes, de los que no puede surgir una única voluntad uniforme. Y esto es totalmente comprensible, porque los intereses de los hombres son totalmente diferentes. Un fabricante tiene, por ejemplo, intereses completamente distintos de un trabajador.

Rousseau: En este punto le doy completamente la razón. La voluntad general no es idéntica a la suma de las voluntades particulares. Y es aquí donde entra en juego mi segunda condición. Si las diferentes voluntades se basan realmente en intereses diferentes, lo que debemos hacer es precisamente velar para que no existan, que no aparezcan intereses diferentes. Y cuando estas diferencias de interés proceden de una situación de diferencias en la propiedad debemos velar por que todas las propiedades sean iguales. O todos los individuos tengan la misma propiedad. Por lo tanto, para cerrar el mejor contrato social posible, no basta con que los individuos sean iguales: sus propiedades han de serlo también. Es labor del Estado, pues, distribuir igualitariamente todos los bienes sociales.

Hobbes: Estas ideas son completamente fantasiosas! El curso de la historia ha demostrado con rotundidad la imposibilidad de llevarlas a cabo. Democracia directa! - tal vez funcione en un pequeño Estado como Ginebra, su pueblo - pero en los Estados grandes es absolutamente imosible. Y eso de la distribución por igual de los bienes recuerda mucho a la fracasada experiencia del comunismo en los países del Este europeos.

Rousseau: Recuerde que la democracia se ha introducido en la mayoría de los grandes Estados en forma de democracia representativa. Y sin mi solicitud de distribución igualitaria de los bienes no hubiese existido la lucha por la justicia social en el siglo XIX que condujo a la instalación del Estado social y de bienestar. La prosperidad de sus ciudadanos no puede ser completamente indiferente para el Estado . ¿Quién se ocuparía entonces de los pobres, los enfermos, los parados si no el Estado?

Locke: Pero el Estado no puede ocuparse de todos los asuntos sociales, es el individuo…

Moderador: Lo siento, señor Locke, pero me comunican desde realización que nuestro tiempo se ha acabado. Tal vez dispongamos en otra ocasión de tiempo para discutir de este y otros temas. Quedémonos con la visión que nos han dado los tres sobre la necesidad del Estado y pasemos a la discusión de los telespectadores.

Ustedes tienen ahora la palabra.

Desde el exilio (enlace)

   
Jueves, 19 de Junio 2008
Artículo leído 2036 veces




Comentarios:

1.Publicado por Javier el 19/06/2008 11:03
Leyendo esto, sencillamente se le saltan a uno las lágrimas.

A partir de este texto, dar cualquier opinión sin al menos una jornada de reflexión, sería cuanto menos prepotente.

Tan sólo una cosa. Esto es lo único que tenemos, discutir de derechos, libertades y estado ideal. Es lo único que por el momento no está permitido. Al menos mientras el mundo no viva un 1984. Mientras tanto, será el poder del dinero el dictador. El soberano.

2.Publicado por Luis I. Gómez el 19/06/2008 11:31
Gracias querido amigo por la reseña ... y por los piropos inmerecidos.

Javier, no estoy al 100% de acuerdo. Podemos hacer más. Debemos hacer más. Cada uno como pueda, desde un blog, desde un patido, desde su asociación de vecinos... hemos de recuperar el mando sobre nosotros mismos, el sentido d la responsabilidad. Hemos de hacer todo lo posible para que el estado deje de ser nuestro padre putativo y recupere su calidad de servidor de la ciudadanía. El estado es una herramienta al servicio de los ciudadanos. Esto está cambiando (ha cambiado ya) y nos hemos convertido en esclavos de los estados. De sus aparatos. Vamos a conformarnos con tener tertulias? Un abrazo!

3.Publicado por Javier el 19/06/2008 11:48
En el fondo comparto lo que dices. Pero yo veo que nuestra gran desventaja, y eso lo sabe el estado, es nuestra desorganización. Somos más, pero desorganizados. Me encantaría poder hacer algo, pero aparte de participar en foros, no sé qué más puedo hacer. Quizá me siento impotente, incapaz o simplemente rendido. Y lo más descorazonador, es hablar con la gente de mi entorno, y encontrarme con una aquiescencia generalizada, frases como "es lo que hay" Y yo siempre respondía, no, no es lo que hay, es lo que queremos. Y por desgracia vivimos en una sociedad que no se para un minuto a pensar en sí mismos, en lo que necesitamos como individuos. Es otra maniobra del gran poder. No dejarte tiempo para pensar, sólo consumir. Consumir sin meditar si lo necesitas. Estoy harto de ver la calle llena de coches carísimos e inútiles. Esa es la "gran inversión" de los españolitos. Por eso creo que no podemos hacer tú y yo nada. Porque necesitamos que miles de personas piensen como tú y como yo. Y como te decía antes, no lo veo que estén dispuestos a cambiar. La gente en este país sigue sus vidas miserables de apariencias, y a los que tenemos este discurso nos miran con condescendencia pensando: pobre loco.

Sé que transmito pesimismo, pero es lo que siento.

Y aunque no me resigno del todo aún... puede que esté cada día más cerca de pensar que es lo único que nos queda: tener tertulias. Y ¡cuidado! puede que pronto ni eso.

4.Publicado por Luis I. Gómez el 19/06/2008 12:15
En cierto modo comparto tu pesimismo, Javier. Pero no me resigno a callar, a no hacer nada.

Y tu ultima advertencia... es de tomar en serio: intentarán que callemos, seguro.

5.Publicado por Javier el 19/06/2008 13:10
Lo malo es que no es una advertencia ya. No es santo de mi devoción cierto periodista, pero ha sido sentenciado. Y las caricaturas del Principe, ¿qué me dices de eso? A mi no me parecieron de buen gusto. Pero es mi opinión. En lo que estoy totalmente en contra es de censurar. Para mí lo de la caricatura ha sido algo más grave de lo que se ha dicho. Es la muestra clara de que no somos iguales aunque lo diga la ley.

6.Publicado por Luis I. Gómez el 19/06/2008 16:58
Cierto, lo de EL Jueves, lo de Losantos, ... mordazas.





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Este blog no es una plataforma de promoción del Voto en Blanco, sino un medio de castigo al mal gobierno y a la política antidemocrática que utiliza el termino “Voto en Blanco” por lo que conlleva de protesta y castigo al poder inicuo.

El voto en blanco es una bofetada democrática a los poderes políticos ineptos y expresa la protesta ciudadana en las urnas cuando padece gobiernos insoportables, injustos y corruptos. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.


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DEMOCRACIA SEVERA. MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN

Lo que hoy llamamos "democracia" es un triste remedo de lo que fue ese sistema en sus orígenes. Los políticos han aprendido a violarla y la han desnaturalizado y desarmado. "Democracia Severa, mas allá de la indignación" (Tecnos 2015), de Francisco Rubiales Moreno y Juan Jesús Mora Molina, es un libro que denuncia la degradación de la democracia y señala las reformas que el sistema necesita para que sea justo y decente y para que los políticos estén bajo control.
A la democracia le faltan piezas de gran importancia: exigencias éticas, controles a los políticos, que deben ser examinados, psiquica y moralmente, por comisiones independientes, auténtica separación de los poderes y otorgar un papel preponderante a la sociedad civil y al ciudadano, que deben influir y, sobre todo, supervisar la labor de los gobernantes, pudiendo, incluso, destituirlos. La impunidad debe acabar, como también la tolerancia frente a la corrupción y esos cheques en blanco que permiten a los políticos gobernar como les da la gana, ignorando la opinión de los ciudadanos, que son sus jefes y los soberanos del sistema.
Democracia Severa, que ya está en las librerías, aporta lucidez, libertad y solvencia ciudadana. Es una reflexión de denuncia que señala los puntos débiles de nuestro sistema y ayuda a la regeneración y a construir un mundo mejor.
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Las revelaciones de Onakra el escriba de Dios

Este libro, publicado por Francisco Rubiales Moreno, Las Revelaciones de Onakra, el escriba de Dios, no es, como los tres anteriores del mismo autor (Democracia Secuestrada, Políticos, los Nuevos Amos y Periodistas sometidos), un ensayo de pensamiento político, sino una original narración que recoge misteriosas revelaciones sobre la llegada de los primeros ángeles a la Tierra, sus relaciones con las especies vivientes del planeta, el nacimiento de la inteligencia humana y el inicio de esa lucha a muerte entre el bien y el mal que domina la existencia humana, desde el principio hasta el final de los tiempos.
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Periodistas Sometidos. Los perros del poder (Editorial Almuzara, 2009), el último libro publicado por Francisco Rubiales, ha sido acogido con gran interés por políticos, periodistas y ciudadanos interesados en conocer con detalle la profunda crisis del periodismo en España, el sometimiento al poder de miles de periodistas y de redacciones completas, la agonía del periodismo libre, independiente y crítico y la rotura de la vieja alianza entre periodistas y ciudadanos, sin la cual la democracia deja de existir.
Es el tercer y último libro de la trilogía de pensamiento político que comenzó con Democracia Secuestrada (Almuzara 2005) y continuó con Políticos, los nuevos amos (Almuzara 2007).
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Políticos, los nuevos amos es el nuevo libro de Francisco Rubiales, publicado tras el éxito de Democracia secuestrada.

Como afirma el ex ministro Manuel Pimentel en el Prólogo,"Políticos, los nuevos amos afronta el problema de la degradación del poder con extraordinaria valentía, claridad y profundidad".
Pimentel, que recomienda la lectura del libro a los presidentes, ministros, altos cargos políticos, militantes y a cualquier ciudadano inquieto y preocupado por la democracia, lo define como un libro "duro, libre, alejado de lo políticamente correcto, capaz de provocar reflexiones y golpes de conciencia muy dolorosos".
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La rebelión ya ha comenzado. Los ciudadanos quieren regresar del exilio y revitalizar una democracia que está postrada y secuestrada. El ciudadano será de nuevo el protagonista en una democracia auténtica y regenerada. El ser humano está dispuesto a construir a cualquier precio la catedral del futuro. Hay una fuerza desconocida que le impulsa a hacerlo, a pesar de sus cobardías, dudas y fracasos Pero, hasta conseguirlo, tendrá que atravesar desiertos y desfiladeros poblados de peligros y de alimañas dispuestas a defender con sangre y fuego sus privilegios.
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