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Grecia: tarjeta amarilla a los políticos de las falsas democracias


Nota

Las revueltas callejeras de Grecia no remiten y se reproducen cada noche, contagiando ya a otras sociedades europeas. No son la respuesta airada al asesinato del joven Alexandros Grigoropulos, de 15 años, por el disparo de un policía, sino la rebelión de los jóvenes, convertidos en vanguardia de la sociedad, contra la injusticia y la falta de horizontes y de esperanzas, frutos de un estilo falso y estafador de hacer política en paises que, sin merecerlo, se autoproclaman "demócratas".
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Grecia: tarjeta amarilla a los políticos de las falsas democracias
La rebelión de los jóvenes griegos no debe entenderse como una reacción violenta al abuso policial que constituyó el asesinato del joven Grigoropulos, sino como un brote de indignación y de rechazo frente a la lacra del mal gobierno y a una forma bastarda de hacer política en Grecia y en numerosos países del mundo que se autoproclaman democracias, donde los privilegios de la casta política, la corrupción y la ineficacia están abonando el terreno para que los ciudadanos salgan a las calles con la esperanza de expulsar a sus dirigentes del poder.

Los griegos ocupan, desde hace décadas, uno de los últimos vagones del tren de la prosperidad en Europa. Su sociedad empieza a estar desesperada y ha decidido enfrentarse al Estado utilizando el "fuego griego", después de comprobar que es ridículo enfrentarse a los políticos con banderitas y silbatos.

La forma más inteligente de analizar los socesos de Grecia es entendiéndolos como una "tarjeta amarilla" mostrada por los ciudadanos a los políticos que están prostituyendo las democracias en todo el mundo.

La sociedad griega, como muchas otras sociedades del mundo desarrollado, está cansada de que le engañen y le estafen, de los miserables salarios que reciben, de las pésimas condiciones laborales, de la corrupción y del cúmulo de abusos que perpetra la clase política, así como de la inseguridad y de la injusticia que rodea sus vidas, mientras soportan impotentes que sus dirigentes electos, convertidos en una casta elitista, arrogante e inepta, vivan en una burbuja de privilegio, lujo y poder.

Han sido elegidos para que gestionen una empresa llamada Estado, propiedad de los ciudadanos, y se han apropiado de ella, marginando a sus dueños y sometiéndolos a humillaciones y expolios inicuos.

El ciudadano, cansado de ser escoria y de quedar al margen de las decisiones, quiere ser respetado por los políticos a los que paga y empieza a estar dispuesto a conseguirlo en las calles, con su protesta.

Cuanto más culta es una sociedad (y la griega es heredera de una de las culturas más sorprendentes y espectaculares de la Historia) menos dispuesta se siente a seguir siendo estafada por sus dirigentes políticos.

En todas las democracias degradades de Ocidente huele a podrido. Hasta en Estados Unidos, reserva de los demócratas, ha penetrado el lodo de la corrupción. El gobernador del estado de Illinois acaba de ser detenido porque puso en subasta el cargo de senador que dejó libre Barak Obama. En otras latitudes, en teoría democratas, monarcas, políticos, jueces, militares, funcionarios y altos cargos, todos ellos en teoría servidores del Estado y del pueblo que les paga, se hacen ricos a velocidad de vértigo sin que sus ingresos legales lo justifiquen, sin que jamás sufran castigo por sus delitos.

La democracia ha dejado de existir en Occidente tras haber sido sustituida, en silencio y a traición, por sucias oligocracias dominadas por partidos políticos. Esos partidos se han transformado en maquinarias de poder especializadas en ordeñar al Estado y al ciudadano. En España, el 64% del dinero que ingresan los partidos políticos procede de las arcas públicas y el dinero se lo entregan, con desfachatez, los mismos militantes que controlan las administraciones públicas. Los ciudadanos, teóricos soberanos del sistema, han sido marginados, no deciden nada y hasta les han arrebatado lo que es indelegable: la voluntad política. El poder sólo cuenta con el ciudadano cuando abre las urnas para que emita un voto que cada día es menos libre y más mediatizado porque son los partidos y no los ciudadanos los que eleboran las listas de candidatos.

Las constituciones son juradas, pero no se respetan, mientras que casi la mitad de la población mundial vive al margen de esos derechos humanos que los políticos proclaman y dicen respetar.

La plaga de suciedad que ha contaminado la política es inmensa, casi infinita: la Justicia, invadida por los partidos políticos, ha dejado de ser independiente; la ley se aplica "según convenga a la jugada", como reconoció el ministro de Justicia español, beneficiando a los amigos y aplastando al adversario; los privilegios de los poderosos crecen al mismo ritmo que se desmoronan la seguridad y la confianza de la sociedad; el foso que separa a ricos y a pobres cada día es más amplio; la corrupción anida en los ministerios, en los gobiernos regionales, en los ayuntamientos y en muchos despachos de funcionarios y cargos públicos; la casta política profesional no ha resuelto en los dos últimos siglos ni uno sólo de los grandes problemas que preocupan a los humanos, ni la desigualdad, ni la inseguridad, ni la pobreza, ni la indefensión de los débiles, ni la escasez de viviendas, ni la educación...

La española es una de las sociedades donde la degradación de la democracia es más palpable e hiriente: el gobierno está, por supuesto, dentro de la legalidad, pero nadie conoce el verdadero alcance y sentido de las leyes, mientras que la corrupción se huele en las esquinas y la mentira ha quitado su sitio a la verdad en el discurso público y el debate cívico. En España se jura la Constitución, pero no se cumple. Hay territorios enteros en España donde la Constitución no tiene vigencia y existen estatutos, impulsados por el propio gobierno, como el de Cataluña, que violan la igualdad y la solidaridad consagradas por la Carta Magna. Muchos dirigentes y representantes de las altas instituciones del Estado se han hecho ricos en España sin que sus ingresos legales lo justifiquen. Millones de jóvenes españoles, sin futuro laboral y arrojados al desempleo, sueñan con llegar a ser algún día por lo menos mileuristas. Los ayuntamientos españoles se han financiado durante más de una década con comisiones e impuestos abusivos. El poder político ha olvidado que debe ser ejemplar y ofrece al ciudadano una imagen desoladora, producto de un cóctel que mezcla los privilegios de casta con la arbitrariedad y la arrogancia.

La cruda verdad, la que transmite el mensaje que llega desde Grecia, es que las democracias occidentales se mueren podridas y son ya sucias oligocracias dictatoriales legalizadas en las urnas.

Ahora toca regenerarlas.

   
Miércoles, 10 de Diciembre 2008
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Comentarios:

1.Publicado por Pepe Lotas el 11/12/2008 12:23
Contundente. Es necesario insistir en ello para desparasitarnos de los políticos.

2.Publicado por vanlop el 11/12/2008 19:32
Es sabido que el fin de las democracias suele ser una dictadura militar o una sucesión de dictaduras con intervalos democráticos cada vez más degradados, hasta el colapso final.

Hace unos meses leí que ahora las dictaduras militares serían sustituidas por dictaduras de los servicios de inteligencia y lo digo porque el artículo del otro día sobre los asesinatos de los agentes del CNI en Irak, parece que apunta en esa dirección. Un hermetismo total y nadie parece capaz de poner algo de luz en el asunto, como si los que mandaran fueran ellos.

Respecto a los disturbios de Grecia, no afirmaría con rotundidad que sean por causa del hartazgo social hacia los políticos. Debemos recordar lo del "nunca más" y lo del "no a la guerra". La situación es parecida, un gobierno de "derechas" y una oposición de "izquierdas".

En cualquier caso, la gente está tan harta de políticos, que cualquier cosa puede moverla, auque sea de forma dirigida. Porque lo que no tiene duda es que este suceso, con unos políticos serios lo único que hubiera producido son actuaciones judiciales.

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Este blog no es una plataforma de promoción del Voto en Blanco, sino un medio de castigo al mal gobierno y a la política antidemocrática que utiliza el termino “Voto en Blanco” por lo que conlleva de protesta y castigo al poder inicuo.

El voto en blanco es una bofetada democrática a los poderes políticos ineptos y expresa la protesta ciudadana en las urnas cuando padece gobiernos insoportables, injustos y corruptos. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.


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DEMOCRACIA SEVERA. MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN

Lo que hoy llamamos "democracia" es un triste remedo de lo que fue ese sistema en sus orígenes. Los políticos han aprendido a violarla y la han desnaturalizado y desarmado. "Democracia Severa, mas allá de la indignación" (Tecnos 2015), de Francisco Rubiales Moreno y Juan Jesús Mora Molina, es un libro que denuncia la degradación de la democracia y señala las reformas que el sistema necesita para que sea justo y decente y para que los políticos estén bajo control.
A la democracia le faltan piezas de gran importancia: exigencias éticas, controles a los políticos, que deben ser examinados, psiquica y moralmente, por comisiones independientes, auténtica separación de los poderes y otorgar un papel preponderante a la sociedad civil y al ciudadano, que deben influir y, sobre todo, supervisar la labor de los gobernantes, pudiendo, incluso, destituirlos. La impunidad debe acabar, como también la tolerancia frente a la corrupción y esos cheques en blanco que permiten a los políticos gobernar como les da la gana, ignorando la opinión de los ciudadanos, que son sus jefes y los soberanos del sistema.
Democracia Severa, que ya está en las librerías, aporta lucidez, libertad y solvencia ciudadana. Es una reflexión de denuncia que señala los puntos débiles de nuestro sistema y ayuda a la regeneración y a construir un mundo mejor.
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Las revelaciones de Onakra el escriba de Dios

Este libro, publicado por Francisco Rubiales Moreno, Las Revelaciones de Onakra, el escriba de Dios, no es, como los tres anteriores del mismo autor (Democracia Secuestrada, Políticos, los Nuevos Amos y Periodistas sometidos), un ensayo de pensamiento político, sino una original narración que recoge misteriosas revelaciones sobre la llegada de los primeros ángeles a la Tierra, sus relaciones con las especies vivientes del planeta, el nacimiento de la inteligencia humana y el inicio de esa lucha a muerte entre el bien y el mal que domina la existencia humana, desde el principio hasta el final de los tiempos.
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Periodistas sometidos. Los perros del poder

Periodistas Sometidos. Los perros del poder (Editorial Almuzara, 2009), el último libro publicado por Francisco Rubiales, ha sido acogido con gran interés por políticos, periodistas y ciudadanos interesados en conocer con detalle la profunda crisis del periodismo en España, el sometimiento al poder de miles de periodistas y de redacciones completas, la agonía del periodismo libre, independiente y crítico y la rotura de la vieja alianza entre periodistas y ciudadanos, sin la cual la democracia deja de existir.
Es el tercer y último libro de la trilogía de pensamiento político que comenzó con Democracia Secuestrada (Almuzara 2005) y continuó con Políticos, los nuevos amos (Almuzara 2007).
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Políticos, los nuevos amos

Políticos, los nuevos amos es el nuevo libro de Francisco Rubiales, publicado tras el éxito de Democracia secuestrada.

Como afirma el ex ministro Manuel Pimentel en el Prólogo,"Políticos, los nuevos amos afronta el problema de la degradación del poder con extraordinaria valentía, claridad y profundidad".
Pimentel, que recomienda la lectura del libro a los presidentes, ministros, altos cargos políticos, militantes y a cualquier ciudadano inquieto y preocupado por la democracia, lo define como un libro "duro, libre, alejado de lo políticamente correcto, capaz de provocar reflexiones y golpes de conciencia muy dolorosos".
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Democracia Secuestrada

La rebelión ya ha comenzado. Los ciudadanos quieren regresar del exilio y revitalizar una democracia que está postrada y secuestrada. El ciudadano será de nuevo el protagonista en una democracia auténtica y regenerada. El ser humano está dispuesto a construir a cualquier precio la catedral del futuro. Hay una fuerza desconocida que le impulsa a hacerlo, a pesar de sus cobardías, dudas y fracasos Pero, hasta conseguirlo, tendrá que atravesar desiertos y desfiladeros poblados de peligros y de alimañas dispuestas a defender con sangre y fuego sus privilegios.
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