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Democracia y partidos políticos


Nota



Democracia y partidos políticos
Algunos creen que los partidos políticos nacieron con la democracia y son parte esencial del sistema. Se equivocan porque la historia refleja precisamente lo contrario, que los partidos, durante muchos siglos, fueron considerados como el principal obstáculo para la vigencia de la libertad y el funcionamiento del sistema democrático.

Reproduzco unos párrafos de mi libro “Los Nuevos Amos (La rebeldía de los demócratas)”, actualmente en imprenta, que analizan con claridad el conflicto entre partidos políticos y democracia:

“Los orígenes de los actuales partidos políticos se remontan a la Roma republicana. Entonces se denominaban “factio” y los autores lo describían como un grupo político perturbador y nocivo destinado a “facere” (hacer) “actos siniestros”. La palabra “partido” proviene también del término latino “partire”, que significa “dividir”, pero este término no adquiere significación en la política hasta el siglo XVII, aunque entonces su significado se acercaba más al concepto de “secta”. Refiriéndose a los partidos, Maquiavelo decía que esas “partes” llevan a la ciudad hasta su “ruina”. Montesquieu, en “El espíritu de las leyes”, condena lo que representan las “facciones”, por entonces todavía escasamente diferenciadas de los “partidos”. Bolinbroke afirma que “los partidos son un mal político y las facciones son los peores de todos los partidos” y “los partidos dividen a un pueblo por principios”. David Hume es todavía más duro en su juicio: “las facciones subvierten el gobierno, dejan impotentes a las leyes y engendran las mas feroces animadversidades entre los hombres de la misma nación”. Pero Hume ya utiliza el término “partido” cuando dice que “los partidos raras veces se encuentran puros, sin adulterar” y “los partidos basados en principios, especialmente en principios abstractos y especulativos, sólo se conocen en los tiempos modernos y quizá sean el fenómeno más extraordinario e inexplicable que se haya dado hasta ahora en los asuntos humanos”. Sin embargo, es Edmund Burke el primero en aventurar una definición de partido: “Un partido es un cuerpo de hombres unidos para promover, mediante su labor conjunta, el interés nacional sobre la base de algún principio particular acerca del cual todos están de acuerdo”. Burke comparte el desprecio filosófico por las facciones políticas, pero sitúa a los partidos en una dimensión superior cuando sostiene que “Esta generosa ambición de poder (la del partido) se distinguirá fácilmente de la lucha mezquina e interesada por obtener puestos y emolumentos (de las facciones)".

La imagen de los partidos ni siquiera mejora durante la Revolución Francesa, cuyos líderes, siempre enfrentados y en lucha fratricida, fueron unánimes al condenar a los partidos políticos, hasta el punto de que la principal acusación que se “escupían” unos a otros era de la “chef de partí” (jefe de partido), un “delito” que, en aquellos tiempos, algunos pagaron con la cabeza guillotinada. Dantón advertía: “Si nos exasperamos los unos contra los otros acabaremos formando partidos, cuando no necesitamos más que uno, el de la razón”. El juicio de Saint Just es durísimo: “Todo partido es criminal” y “Al dividir a un pueblo, las facciones sustituyen a la libertad por la furia del partidismo”. En general, para los patriotas franceses, los partidos y facciones eran considerados como una conspiración contra la nación.

Los padres fundadores de la nación americana, la primera creada bajo los más exigentes cánones de la libertad y los derechos de la época, no tienen mejor concepto del partido político. Madison consideraba a las facciones “contraria a los derechos de otros ciudadanos o de los intereses permanentes y agregados de la comunidad”, mientras que George Washington, en su “Discurso de Adios” de 1796, afirma: “La libertad... es de hecho poco más que un nombre cuando el gobierno es demasiado débil para soportar los embates de las facciones... Permitidme... advertiros del modo más solemne en contra de los efectos nocivos del espíritu del partido”. El criterio de Thomas Jefferson se parece al de Bolingbroke y considera al partido como una “amenaza” para los “principios republicanos”.

En honor a la verdad, esa cautela y prevención frente a los partidos jamás ha dejado de existir en la cultura política occidental, aunque también hay que admitir que, desde mediados del siglo XIX hasta hoy, los partidos se han desarrollado mucho más en el terreno práctico, convirtiéndose en las piezas esenciales del sistema, que en el terreno teórico, donde siguen faltando análisis que expliquen su inesperado e invencible asalto del poder democrático. Ostrogorski, en 1902, para evitar los males de los partidos, proponía sustituirlos por ligas flotantes que se disolvieran después de cada elección, dejando libres y sin ataduras a los electos. Michels también se declara desalentado ante el carácter “antidemocrático” y “oligárquico” de los partidos. Casi con unanimidad, los autores siguen advirtiendo del peligro. Sartori, por ejemplo, dice que “Los impulsos de búsqueda del poder por parte de los partidos son constantes” y también que “el político de partido está motivado por el egoísmo más primario”. Sartori pretende cubrir algunos de los evidentes huecos teóricos al afirmar que los partidos son distintos de las facciones, que son parte de un todo político y que, como conductos de expresión, su misión fundamental en democracia es transmitir a las autoridades, con solvencia, los deseos del pueblo. Sin embargo, el autor admite que “más que expresar y reflejar la opinión pública, configuran, y de hecho manipulan, la opinión” y, en otro momento, que “la representación es perfectamente concebible y posible sin partidos”, criterios autorizados que dejan muy mal paradas a estas formaciones que se han convertido, gracias a su ambición y capacidad de maniobra, en la columna vertebral de las democracias.

Los partidos políticos, tal como los conocemos ahora, ni siquiera tienen un siglo y medio de vida. Son un producto tardío de la revolución industrial que no llega a encontrar condiciones favorables hasta que se consagra el derecho al voto. Pero en ese corto espacio de tiempo han conquistado la democracia y el Estado, convirtiéndose, de facto, en las instituciones más poderosas de nuestro tiempo.”



Francisco Rubiales

Franky  
Lunes, 29 de Mayo 2006
Artículo leído 1044 veces




Comentarios:

1.Publicado por Rodrigo González Fernández el 29/05/2006 14:10
QUE BUENO FRANCISCO. Una vez que el libro salga me lo mandas para comentarlo en Chile. Tu sbes que yo me he covertido enb un seguidos de tus ideas. Creo que hay que difundirlas por el mundo. A todo nivel: en las universidades, en los periodicos en los blogs.Un abrazo desde Chile, saludos Rodrigo González Fernández





 Ideario

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Este blog no es una plataforma de promoción del Voto en Blanco, sino un medio de castigo al mal gobierno y a la política antidemocrática que utiliza el termino “Voto en Blanco” por lo que conlleva de protesta y castigo al poder inicuo.

El voto en blanco es una bofetada democrática a los poderes políticos ineptos y expresa la protesta ciudadana en las urnas cuando padece gobiernos insoportables, injustos y corruptos. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.


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DEMOCRACIA SEVERA. MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN

Lo que hoy llamamos "democracia" es un triste remedo de lo que fue ese sistema en sus orígenes. Los políticos han aprendido a violarla y la han desnaturalizado y desarmado. "Democracia Severa, mas allá de la indignación" (Tecnos 2015), de Francisco Rubiales Moreno y Juan Jesús Mora Molina, es un libro que denuncia la degradación de la democracia y señala las reformas que el sistema necesita para que sea justo y decente y para que los políticos estén bajo control.
A la democracia le faltan piezas de gran importancia: exigencias éticas, controles a los políticos, que deben ser examinados, psiquica y moralmente, por comisiones independientes, auténtica separación de los poderes y otorgar un papel preponderante a la sociedad civil y al ciudadano, que deben influir y, sobre todo, supervisar la labor de los gobernantes, pudiendo, incluso, destituirlos. La impunidad debe acabar, como también la tolerancia frente a la corrupción y esos cheques en blanco que permiten a los políticos gobernar como les da la gana, ignorando la opinión de los ciudadanos, que son sus jefes y los soberanos del sistema.
Democracia Severa, que ya está en las librerías, aporta lucidez, libertad y solvencia ciudadana. Es una reflexión de denuncia que señala los puntos débiles de nuestro sistema y ayuda a la regeneración y a construir un mundo mejor.
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Las revelaciones de Onakra el escriba de Dios

Este libro, publicado por Francisco Rubiales Moreno, Las Revelaciones de Onakra, el escriba de Dios, no es, como los tres anteriores del mismo autor (Democracia Secuestrada, Políticos, los Nuevos Amos y Periodistas sometidos), un ensayo de pensamiento político, sino una original narración que recoge misteriosas revelaciones sobre la llegada de los primeros ángeles a la Tierra, sus relaciones con las especies vivientes del planeta, el nacimiento de la inteligencia humana y el inicio de esa lucha a muerte entre el bien y el mal que domina la existencia humana, desde el principio hasta el final de los tiempos.
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Periodistas sometidos. Los perros del poder

Periodistas Sometidos. Los perros del poder (Editorial Almuzara, 2009), el último libro publicado por Francisco Rubiales, ha sido acogido con gran interés por políticos, periodistas y ciudadanos interesados en conocer con detalle la profunda crisis del periodismo en España, el sometimiento al poder de miles de periodistas y de redacciones completas, la agonía del periodismo libre, independiente y crítico y la rotura de la vieja alianza entre periodistas y ciudadanos, sin la cual la democracia deja de existir.
Es el tercer y último libro de la trilogía de pensamiento político que comenzó con Democracia Secuestrada (Almuzara 2005) y continuó con Políticos, los nuevos amos (Almuzara 2007).
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Políticos, los nuevos amos

Políticos, los nuevos amos es el nuevo libro de Francisco Rubiales, publicado tras el éxito de Democracia secuestrada.

Como afirma el ex ministro Manuel Pimentel en el Prólogo,"Políticos, los nuevos amos afronta el problema de la degradación del poder con extraordinaria valentía, claridad y profundidad".
Pimentel, que recomienda la lectura del libro a los presidentes, ministros, altos cargos políticos, militantes y a cualquier ciudadano inquieto y preocupado por la democracia, lo define como un libro "duro, libre, alejado de lo políticamente correcto, capaz de provocar reflexiones y golpes de conciencia muy dolorosos".
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Democracia Secuestrada

La rebelión ya ha comenzado. Los ciudadanos quieren regresar del exilio y revitalizar una democracia que está postrada y secuestrada. El ciudadano será de nuevo el protagonista en una democracia auténtica y regenerada. El ser humano está dispuesto a construir a cualquier precio la catedral del futuro. Hay una fuerza desconocida que le impulsa a hacerlo, a pesar de sus cobardías, dudas y fracasos Pero, hasta conseguirlo, tendrá que atravesar desiertos y desfiladeros poblados de peligros y de alimañas dispuestas a defender con sangre y fuego sus privilegios.
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